La corrupción es en sí misma, un tema por demás espinoso que tiene que ver con el quebranto de la delgada línea de la ética e incluso de la legalidad.
Para darles una referencia; de acuerdo con el Secretario General de las Naciones Unidas, el costo global de la corrupción es de al menos el 5% del Producto Interno Bruto Mundial. Una cantidad de verdad inverosímil.
Por otro lado, la corrupción en los países en desarrollo tiene un costo 1.26 billones de dólares cada año y no solo es el tema de costo, sino que, la mitad de sus habitantes consideran que la corrupción es algo aceptable. (Foro Económico Mundial)
Parece ser que en el mundo en general, la corrupción es más bien la norma y no la excepción y en mayor o menor grado, existe en prácticamente cualquier latitud.
Lamentablemente, tenemos que aceptar que en muchos países la corrupción es una forma de vida y puede llegar a todos los niveles, desde el más modesto, pasando por instancias policiales, económicas, empresariales y políticas.
Como decía, esto es parte de una cultura y consiste en lograr un permiso, una licencia, conseguir un proyecto o cualquier otra cosa, en función de un soborno.
Pero la corrupción opera en dos sentidos y a que me refiero; no existe un corrompido sin el corruptor.
Se basa además, en tener buenos contactos o buenos “amigos” o bien tener el suficiente dinero o poder para doblegar o quebrantar a alguien.
Y para muestra, la tristemente célebre frase que se le atribuye al expresidente Obregón quien decía … “Nadie aguanta un cañonazo de 50 mil pesos”
En este entorno, los negocios no son la excepción y tal parece ser que la corrupción es parte de la cultura organizacional e incluso se considera una ventaja competitiva.
Cuando escuchamos expresiones como: Si no eres corrupto eres tonto o la más folclórica que dice: “El que no tranza no avanza” nos damos cuenta de que está allí, metida hasta el más íntimo rincón de muchas empresas que consideran incluso, que la corrupción es la máxima forma de competitividad y que sin ella, es imposible operar un negocio.
Donde empiezan y terminan las relaciones legítimas con los clientes. Porque de pronto pasamos quizás, de regalar una buena botella de vino o invitar una espléndida comida a quebrantar flagrantemente la ley.
Casos, desafortunadamente hay muchísimos. Por mencionar solo algunos: Enron en 2001, fraude a los accionistas cuando sus acciones bajaron en 99 USD a 1 USD de un ejercicio al otro y el cual que fue operado por directivos coludidos con auditores.
La misma FIFA, que fue un escándalo mundial, pero me interesaría destacar el caso de Siemens; empresa alemana a la cual se le descubrió un fondo oculto de 1.3 billones de euros para corromper y lograr los mejores negocios posibles.
¿Qué es lo realmente grave?, que no estamos hablando de un caso aislado, de alguna persona que de pronto cometió un ilícito o tuvo un conflicto de intereses, ¡¡¡¡¡ no !!!!!, estamos hablando de una cultura de corrupción en toda la organización.
Ojalá todo quedara en temas de negocio, pero ¿Qué pasa cuando el dinero del presupuesto público no llega a donde realmente debería llegar o más aún, cuando la gente muere por falta de atención médica, por obras mal hechas o policías corruptos que permiten acciones criminales?
En fin, como les decía en un principio, este es un tema muy complejo y que puede tener consecuencias muy graves. Pero también estoy convencido que para combatir la corrupción el camino debe iniciar en la conciencia personal, para de allí extenderlo a nuestros círculos más cercanos como la familia y nuestros negocios.
Doctor Administración Y Dirección De Empresas
He sido empresario por más de 30 años y soy consultor de empresas, he participado en una gran variedad de proyectos con organizaciones públicas, privadas, sociales y organismos internacionales.
-Profesor de la Escuela de Negocios ITESM
-Investigador GIEE EGADE Business School ITESM Campus Monterrey
-Autor de múltiples publicaciones de investigación.
-Consultor en Proveza consultores.
Te responderemos lo antes posible.